La muerte se parece demasiado a la vida.
No me puedo creer que ya no estés aquí.
Dormías como un bebé los primeros días y también los últimos
quiero decir, que la vida se parece demasiado a la muerte.
Estabas ahí, tan frágil, tan dormidita, tan en paz
las preciosas facciones de tu cara de vez en cuando cambiaban
entonces adquirías un rostro de dolor y preocupación
supongo que en ese momento de vida estabas temiendo por la muerte
como los bebés, que ponen muecas porque supongo que ellos en ese momento le temen a la vida.
Entonces el mundo se torno fácil para mí
era sencillo:
tú dormías buscando el sueño eterno
yo me dedicaba a contemplarte
te prometo que me hubiese encantado pasarme así media vida
prefiero tener en poder de parar una estrella fugaz y contemplarla durante horas
a mirarte y no tener tiempo de pedirte un deseo
Quiero decirte que, los últimos momentos de tu vida
fueron los primeros de mi muerte interior
porque algo de mí moría mientras tú te ibas apagando lentamente
pero resultó que desde que te has ido
estoy tan llena de tu luz que apenas puedo derrumbarme en la oscuridad absoluta de tu partida
resultó que comprendí que hay personas que se llevan dentro
porque echan raíces
y eso es inderrumbable.
Solo espero que tu recuerdo me haga ser mejor persona,
que paseemos juntas de la mano cuando te vuelva a ver
que me arropes
que me mimes
que me hagas sentir en casa
-aunque estemos en cualquier sitio-
que me mires
que crezca y que tú lo sigas viendo
que me salves
que me beses
que te salves y que regreses
que nos encontremos
en aquel lugar donde solo con el corazón se pueda ver.
Te quiero.
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